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No puedo dormir…

Te dejo algunos tips para combatir el insomnio Las alteraciones del sueño, y en concreto el insomnio, afectan de manera significativamente a las personas que los padecen. En algunos casos, sobre todo si el insomnio se vuelve crónico, es necesario recurrir a medicación como somníferos, relajantes musculares o antidepresivos para volver a disfrutar de un sueño reparador. Pero, esta solución es solo temporal, ya que no abordan las causas subyacentes al insomnio. Hoy te traigo un enfoque diferente para combatir esas noches «en vela» o esos despertares «poco deseados». Desde la Terapia Cognitivo-Conductual podemos enfrentarnos a esta problemática sin recurrir al uso de la medicación, abordando los pensamientos negativos así como los comportamientos que interfieren en nuestro sueño. Te dejo por aquí una serie de recomendaciones y técnicas para hacer de tu sueño un momento de bienestar. 1- Control de Estímulos: El objetivo es volver a asociar la cama y el dormitorio con el descanso, eliminando asociaciones negativas.  2- Higiene del Sueño (cambios de hábitos): Tareas para adecuar el entorno y el estilo de vida al descanso.  3- Reestructuración Cognitiva: Identificar y modificar pensamientos disfuncionales que generan ansiedad, como «si no duermo 8 horas estaré mal» o «nunca más podré dormir».  4- Técnicas de Relajación y Activación: Reducir la hiperactivación física y mental que impide el sueño.  5- Manejo del Estrés: Reducir el impacto del estrés en el sueño.  6- Restricción del Sueño: Poner en práctica estas técnicas de manera consistente puede mejorar la calidad del sueño y reducir los síntomas de insomnio.

¿Cuándo debo ir a terapia? 7 señales de alarma que no deberías ignorar

“Todavía no es para tanto”, “Hay gente que está peor”, “Ya se me pasará”. Si has pensado esto alguna vez, no estás sol@. Una de las preguntas que más recibimos los psicólogos es: ¿Cómo sé si realmente necesito ayuda profesional? Vivimos en una sociedad que nos empuja a normalizar el malestar. Aguantar, resistir y seguir adelante se premia. Pero el sufrimiento emocional, a diferencia de un resfriado, rara vez desaparece solo: tiende a enquistarse. Aquí te dejo una guía práctica para contestar a la gran pregunta. No se trata de alarmarse por cualquier emoción desagradable (el malestar también forma parte de la vida), pero sí de aprender a distinguir cuándo ese malestar se convierte en una señal de alarma. 1. Lo que te funcionaba antes, ya no te funciona Todos tenemos nuestras “muletas” emocionales: hacer deporte, quedar con amigos, leer, cocinar. Si de repente las actividades que antes te llenaban ahora te resultan vacías o te conllevan un esfuerzo enorme, esto es una señal clara de que algo no va bien. 2. El malestar te secuestra la vida diaria Sentir ansiedad ante un examen, un cambio de vivienda, una entrevista de trabajo… es normal. No poder dormir, comer o trabajar durante semanas porque eso ocupa todos tus pensamientos, no lo es. Pregúntate: ¿este malestar está interfiriendo en tu trabajo, tus relaciones o tu cuidado personal? 3. Tus relaciones se están resintiendo Notas que estás más irritable, que discutes por cosas que antes no lo hacías o que evitas a los demás. Tal vez te has aislado porque “no tienes energía para nadie”, o tal vez dependes tanto de una persona que sientes que te ahogas sin ella. La terapia no solo sirve para sentirte mejor contigo mismo, sino también para estar mejor con los demás. 4. Llevas mucho tiempo igual (o peor) El tiempo es un factor clave. Si llevas más de dos semanas con un estado de ánimo muy bajo, ansiedad constante, insomnio o pensamientos recurrentes que no cesan, no es una “mala racha”, es un síntoma. No hay un tiempo exacto universal, pero el sentido común es útil: si esto ya debería haberse pasado y aún sigue aquí, algo lo está manteniendo. 5. Aparecen síntomas físicos sin causa médica El cuerpo habla. Dolores de cabeza, problemas digestivos, opresión en el pecho, taquicardias o un cansancio extremo que no mejora con descanso pueden ser la forma que tiene tu cuerpo de decir lo que tu mente intenta callar. Si tu médico ya descartó causas orgánicas, es momento de explorar qué emoción está buscando salir. 6. Te refugias en sustancias o conductas de escape “Necesito una copa para relajarme”. “Como no puedo parar de pensar, me paso horas viendo series”. “Me gasto dinero que no tengo para sentirme mejor cinco minutos”. Cuando el alivio inmediato se convierte en la única forma de gestionar el día a día, estamos entrando en terreno pantanoso. No se trata de la conducta en sí, sino de la dependencia que genera. 7. Sientes que no te reconoces Quizás para los demás todo está bien, pero tú sientes que eres una versión borrosa de ti mism@. Has perdido la ilusión, te cuesta tomar decisiones simples o sientes un vacío que no sabes explicar. Esta es quizá la señal más silenciosa, pero también una de las más importantes. Cuando dejas de reconocerte, necesitas a alguien que te ayude a reencontrarte. ¿Y si no estoy tan mal? Aquí va una verdad incómoda: no hace falta tocar fondo para pedir ayuda. Muchas personas esperan a estar en crisis para llamar a un psicólogo, igual que esperarían a que el coche echase humo para llevarlo al taller. La terapia no es solo para reparar lo roto, también es un espacio de mantenimiento, autoconocimiento y prevención. Si estás leyendo esto y te resuena, probablemente ya es momento. No necesitas una tragedia para merecer cuidar de tu salud mental. Solo necesitas ser persona. ¿Alguna vez te has sentido identificad@ con alguna de estas señales? Recuerda que pedir ayuda no es un signo de debilidad, sino de inteligencia emocional. La terapia no va de «estar loco», va de dejar de sufrir innecesariamente.